Píldoras sexológicas

El porno es como la comida rápida

Repleto de saborizantes, condimentos y muy procesado, ¡hecho para gustar y enganchar a quien lo vea!

El porno es como la comida rápida: está rico, se ha preparado para que guste mucho, está muy condimentado y procesado pero tiene pocos nutrientes y matices. Hay diferentes cosas pero los sabores se repiten. Es más, te acostumbras a la intensidad del sabor, y el resto ya sabe a poca cosa.

Ya no apetece tanto dedicar tiempo a cocinar a fuego lento, experimentar con ingredientes, variar los platos, apreciar los matices, deleitarse con distintos sabores y aromas. Y cuando por lo que sea quieres volver a otro tipo de comida, sentarse a al mesa se convierte en algo aburrido, insípido.

Pero es que las papilas gustativas están saturadas y necesitan estímulos concretos y fuertes para activarse. La buena noticia es que pueden volver a saborear con gusto algo más que hamburguesas y ketchup, pero necesitan tiempo y una suerte de desescalada.

A nadie le van bien pasar hambre, así que puede ser interesante ir “bajando de nivel” y experimentar con comidas intermedias entre un plato de verduras hervidas y el perrito caliente repleto de saborizantes. Habrá momentos de impulsos y deseos fuertes, sí. Pero poder volver a disfrutar de esos platos que te encantaban merece la pena.

El porno supone un estímulo visual muy fuerte, una imagen muy explícita que se nos impone. No deja lugar a la imaginación, las sutilezas o sugerencias, las fantasías particulares. Aletarga (que no mata) nuestra imaginación. Nuestro sistema nervioso y nuestro cerebro se vuelve perezoso. Otros estímulos no son suficientes para excitarnos.

Pero conforme vamos bajando este umbral, vuelve a ser suficiente con estímulos más cotidianos para excitarnos. Recobramos la capacidad de fantasear con gusto y sin límites, los encuentros con otras personas vuelven a ser apetecibles y sabrosos. Y, si de vez en cuando nos apetece, podemos seguir disfrutando de ayudas visuales.

Para esa desescalada o esas ayuditas esporádicas podemos ir más allá del porno y explorar relatos, imágenes con las que crear fantasías, música, cómics eróticos… ¿Por qué no ampliar nuestro menú, con tantos platos distintos a nuestra disposición?

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