Al igual que necesitamos tiempo y práctica para ir explorando y aumentando la sensibilidad de los distintos sentidos, nos va a suceder lo mismo cuando se trata de poder estar presente, de poder darnos cuenta de lo que sentimos, de lo que deseamos o lo que nos gusta. Vamos a necesitar paciencia y “entrenamiento” para descubrir nuevas formas de gozar y de vivir nuestros encuentros eróticos.
Te cuento una cosa un poco personal: el otro día estaba en este río, disfrutando de la soledad, el sonido del agua, el olor del aire y la paz del monte. Y recordé que, años atrás, cuando hacía este tipo de escapadas siempre iba acompañada de un altavoz para poner música, unas latas de cerveza, picoteo y algún juego de cartas. Y ni pensar en la posibilidad de ir sola. Tan acostumbrada que estaba al ritmo frenético de la vida en una ciudad grande, los estímulos constantes, la saturación de mis sentidos, allí la quietud de la naturaleza me abrumaba. No lograba conectar con el tipo de placeres que ofrece y que hoy aprecio tanto (y me sientan taaan bien). Tuve que hacer un aprendizaje, un proceso de sensibilización, para poder gozar de estas experiencias como lo hago hoy.
Es igual que aprender a deleitarte con ciertos sabores, aprender a apreciar los detalles de una pintura o aprender a gozar de las sutilezas de la música. Disfrutar de nuestra erótica, de nuestros cuerpos y placeres también se aprende. Apreciar la lentitud, la delicadeza o todos los matices que cada sentido y cada gesto tiene que ofrecernos requiere tiempo, práctica y dedicación. Pero creo que os merecerá la pena.


