Crecemos en un mundo de normalidad y de normas que nos hablan de lo correcto, lo que se debe hacer. Ya sea desde la salud, la costumbre, la publicidad o la moral, recibimos constantemente estos mensajes.
Nuestra vivencia de la sexualidad está a menudo llena de (no) deberías que se manifiestan con pensamientos y sensaciones de estar haciendo algo “mal”.
“Debería depilarme”
“Debería tener ganas”
“No debería ser tan directa”
“Debería besarle”
“No debería fantasear con eso”
A menudo esto deriva en frustración, complejos, confusión y mucho malestar.
Pero cada persona es diferente, compleja y única, y nuestra sexualidad y erótica también lo son.
¿Qué espacio dejan los deberías a nuestros deseos y particularidades, a la curiosidad y la exploración?


