Seguimos hablando de El Deseo como si sólo existiera uno. O como si uno fuera mucho más importante que el resto.
Y, en consecuencia, su ausencia también.
Pero deseamos muchas cosas, y aún no me he encontrado con nadie que no tenga ganas de absolutamente nada.
Otra cosa es que eso que sí desea, no le parezca adecuado o legítimo.
Cuando pasa el tiempo y vamos ignorando unos deseos y tratando de forzar otros, podemos terminar con un cuerpo desesperanzado.
Que ya no se siente capaz de conseguir lo que quiere o de disfrutarlo.
El guion sexual nos marca qué es lo que deberíamos desear, qué deseos son deseables. Y si los nuestros no se corresponden con estos podemos sentir que algo marcha mal.
Pero, paradójicamente, cuándo devolvemos esos deseos al centro, cuando les damos espacio y los atendemos, hay otros que quizá también podrán aparecer.
Tal vez no tengas ganas de follar, pero sí de unos mimos, de un masaje, de besaros sin prisa o de que te acaricien la espalda. De hacer un juego de rol, comer juntos con las manos, ser dominado o reír un rato.
Eso también es válido y es tuyo.
¿Y si te aventuras a hacerles caso, aún cuando no parezcan “convenientes”?
A ver qué pasa 😉


